Bienvenido invitado. Puedes iniciar sesión o asociarse. Hoy es 17/09/2019

IDENTIFICARSE
E-mail:
Contraseña:
   Recordar


¿Olvidastes tu contraseña?
¿No estás registrado?
¡Hazlo aquí!




Publicado el 22 de Agosto de 2019 en Asignatura
Noticia de todas las diócesis.

Jorge de Juan Fernández

 

Ante el inicio del nuevo curso, una vez más surgen diversas voces que reivindican la eliminación de la asignatura de Religión Católica del currículo escolar, acompañadas en esta ocasión con el debate suscitado en torno a la reciente aprobación de la conocida como “ley Celaá”, una triste realidad en la que, una vez más, la asignatura de Religión y la enseñanza concertada son atacadas.

 

Sin duda, hay que comenzar destacando que no es lo mismo un estado laico que laicista.

Un estado laico supone la neutralidad ante las diversas creencias religiosas, y al mismo tiempo suscita una colaboración entre todas ellas siempre que contribuyan al bien común de la sociedad, pues estima el derecho a la libertad religiosa como un bien positivo.

Por su parte, el laicismo considera la religión como una “sensibilidad” privada, solo tolerable en la medida que no tenga pretensiones de impregnar la vida social o influir en ella.

 

Conforme a esta mentalidad, se da por supuesto que las religiones no pueden aportar un conjunto de valores comunes capaces de fomentar la convivencia de una sociedad plural, y se establece el prejuicio de que precisamente son estas las causantes de intolerancia, convirtiéndose en un hándicap para lograr una armonía en paz.

En consecuencia, el laicismo defiende que la religiosidad ha de ser recluida a la esfera de lo privado, siendo sustituida en lo público por un conjunto de valores al modo de señas de identidad del Estado democrático, sin referencia religiosa alguna.

De esta forma, descartados los principios religiosos en la esfera pública, sería el poder político el encargado de elaborar una nueva conciencia moral para los ciudadanos.

 

El Cardenal Fernando Sebastián decía: “el futuro no puede estar en un laicismo obligatorio, sino en el diálogo”. En una sociedad que propugna la tolerancia por doquier, no puede entenderse esta como la aceptación de una única y exclusiva opción, impuesta desde arriba, sino como la capacidad de libre elección ante un abanico de posibilidades.

 

La asignatura de Religión Católica participa de la misma admiración, rechazo e indiferencia que Jesucristo. No resulta por lo tanto extraño que haya quienes la rechacen. Más preocupante resulta que dentro del conjunto de los creyentes haya quienes ven en ella una asignatura de rango menor. Esto hace que la labor del profesor de Religión se encuentre con el obstáculo de alumnos y padres que piden sistemáticamente una rebaja en la exigencia de esta asignatura, como si los contenidos que en ella se enseñan no fueran imprescindibles para la formación integral del alumno.

 

 

AYUDA A ENTENDER LA CULTURA HEREDADA

1.- La clase de Religión no es un privilegio, sino un derecho, y no precisamente de la Iglesia, sino de los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que ellos deseen. Así lo abala, entre otros, la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU (1948), la Constitución de la Unión Europea y la Constitución Española. Insertarla dentro del currículo escolar es converger con el resto de Europa, donde tiene mayor presencia y relevancia que en España.

2.- Además, no es equiparable ni sustituible por la catequesis, pues la primera está destinada a la formación intelectual, mientras que la segunda introduce al catecúmeno en el seguimiento personal de Jesucristo. Podríamos decir que mientras una busca el “conocer” la otra procura el “amar”.

3.- Esta clase ayuda a entender la cultura que hemos heredado. Para poder asomarnos a una aldea global es necesario tener unos conocimientos básicos, tales como saber interpretar la pintura, la escultura, la arquitectura, la música, el folclore o las tradiciones. Muchas de estas expresiones culturales hallan su raíz en la fe.

4.- La religión ofrece una cosmovisión frente a la fragmentación del saber. Los alumnos aprenden datos y técnicas pero no los capacitamos para utilizar lo aprendido adecuadamente, en la construcción del bien común. Esta fragmentación del saber ha generado la proliferación de diversas crisis de identidad cultural, de valores, de tradiciones, de sentido de la existencia... Frente a esto, el cristianismo es la toma de distancia necesaria para ver lo constante dentro de la cambiante actividad humana, responde al sentido de la existencia: ¿De qué me sirve conocer la evolución del universo si nadie me explica por qué y para qué estamos en esta vida? ¿Cabe hablar con optimismo de los avances técnicos hacia el futuro si no tenemos fundamentada nuestra esperanza más allá de la muerte?

5.- En la actualidad la estabilidad internacional depende en gran medida del diálogo interreligioso. Y la clase de religión también nos ayuda a formarnos sobre este punto. Solo puede dialogar quien tiene conciencia y conocimiento de su propia identidad y de su punto de partida. De lo contrario más que una “alianza de civilizaciones” estamos abocados a la desaparición de la nuestra.

6.- Por todo esto, una educación integral debe incluir la dimensión moral. De nada sirve la acumulación de conceptos en la enseñanza si no hay un espacio para educar en valores como la sinceridad, el respeto, la justicia o la generosidad. Y la asignatura de Religión responde de forma completa y coherente a los grandes interrogantes del ser humano, aportando razones para amar, para creer y para esperar. Ofrece una explicación ordenada y razonada de los fundamentos, contenidos y exigencias morales de la Religión Católica, y alcanza una comprensión de la vida religiosa conforme a cada edad y nivel de desarrollo cultural, conociendo el valor e influencia del cristianismo en la Cultura Europea.

 

La religión es el corazón de la escuela, al propiciar que todos los conocimientos y técnicas que se han adquirido en el resto de las asignaturas sean integrados en una persona que los pondrá al servicio del ser humano, procurando el bien para la sociedad en la que se inserte.

AGOSTO-SEPTIEMBRE • 2019 • REVISTA 21

Archivos adjuntos:
BÚSQUEDA
FILTRO DE NOTICIAS
Filtro:   Todas las noticias
Ver sólo noticias de:




 

APPRECE COMUNITAT VALENCIANA
C/ Maestro Lope, 55 - 3ª
46100 BURJASSOT (Valencia)
Tel: 961 10 26 98
cvalenciana@apprece.es
cvalenciana@apprece-cv.es
sindicato@apprece-cv.es